miércoles, 10 de noviembre de 2021

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi - Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos -esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo-. Tus ojos serán una vana palabra, un grito acallado, un silencio. Así los ves cada mañana cuando sola sobre ti misma te inclinas en el espejo. Oh querida esperanza, también ese día sabremos nosotros que eres la vida y eres la nada. Para todos tiene la muerte una mirada. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como abandonar un vicio, como contemplar en el espejo el resurgir de un rostro muerto, como escuchar unos labios cerrados. Mudos, descenderemos en el remolino. (22 marzo 1950) Poema original en italiano: Verrà la morte e avrà i tuoi occhi Verrà la morte e avrà i tuoi occhi questa morte che ci accompagna dal mattino alla sera, insonne, sorda, come un vecchio rimorso o un vizio assurdo. I tuoi occhi saranno una vana parola, un grido taciuto, un silenzio. Cosí li vedi ogni mattina quando su te sola ti pieghi nello specchio. O cara speranza, quel giorno sapremo anche noi che sei la vita e sei il nulla. Per tutti la morte ha uno sguardo. Verrà la morte e avrà i tuoi occhi. Sarà come smettere un vizio, come vedere nello specchio riemergere un viso morto, come ascoltare un labbro chiuso. Scenderemo nel gorgo muti. – Cesare Pavese

Entrenando “des” con sacapunta: Desacapuntas


 

La punta del lápiz se va desgastando mientras creo el desfile de letras, a modo de soldados, con su poco de plomo que añade algo de brillo al grafito. De vez en cuando, hay que enmendar ese gasto cuanto la parada militar se va al fondo de las pautas y las formas ensanchan el contorno y pierden su perfil afilado. Se vuelven borrosas, una especie de niebla va cayendo, escamoteando la calle por la que vamos transitando a la par. Y esa misma cabeza directora pierde agarre y resbala. En su caída, a veces se antepone, a veces se propone y otras busca un camino alternativo.

Miro la punta del lápiz. Y la veo perfecta, aunque la fila de trabajadoras ya es de dos o tres de ancho y se monten entre ellas. Mientras, vienen y van en un caos de patas y antenas y trayectorias. Y hay que recomponer esa punta roma, hay que girar a la inversa lo que está pensando para un sentido, como la escritura formal que se desanda. Se ha hecho necesario y aplicamos el des-sacapuntas que recompone el alma dentro de la madera, se restituye su espíritu. Y como un hechizo, extrae el jugo que ha ido impregnando la página. Se deshace la escritura, banal, incierta y sin forma. Ese contenido va desapareciendo mientras trabaja el ingenio, recobra con sus giros algo del plomo oxidado y redime la definición a los renglones. Trabajador y puntilloso, el desacapuntas ha terminado su aplicación como si un terremoto sujetase la hoja por los hombros, la agitase y hubiera preñado la plana.

Pero recuerdo ese escrito, como si lo hubiera atrapado en una camisa de fuerza. Por eso vuelvo sobre mis pasos con la punta nueva y se rehacen, se recrean armados, los soldaditos dan la vuelta al hotel y se vuelven, marciales, con voluntad de hacer un ciclo eterno. Salvo que no todas las letras harán las mismas palabras, son muy pocas frente al ejército del vocabulario. Algo como una sombra sobrevuela la página y corrige. Dando vueltas al retorno, el texto que se ha adueñado de la página desaparece, se reconstruye, se desanda y las hormigas suben por los dedos hacia la mano, a horcajadas en la comisura de los dedos y ahora es la mano suelta del brazo que se vuelve marioneta, son las hormigas que tiran del hilo de los músculos. Todo anda a la vez sobre su propio rastro en el papel que se ha vuelto tierra blanda o desierto cuyo paso mancha con pisadas firmes que el viento irá borrando de las dunas a su vez, otro caso, otro día, otro amor. Otra oportunidad.

Vuelvo a mirar la libreta, mientras retorno el lápiz al estuche. Con algo que perturba, está blanca, pautada y limpia. No queda nada de los pasos dados. O es un día recreado o es una página vuelta. Lo escrito queda al albur del aire, de las manos, del cerebro más viejo, más gastado. La página hollada con marcas de presión del otro lado me premia con otro lance no del todo impoluto.

sábado, 4 de mayo de 2013

Empezando a dar la cara

He hecho un comentario cobarde y he sido señalado. De hecho, son varias las veces en que he sido señalado últimamente. Por varias causas, ser o no ser suficientemente español, ser o no ser de izquierdas, ser o no ser nacionalista y por ello nazi. Así que he decidido señalarme yo mismo con mis propias etiquetas.

Soy muy nuevo en esto, nunca había pensado que tuviera algo que decir que mereciese un lugar del ciberespacio ni del espacio mismo. Pero a uno le calientan, quiere responder y le llaman cobarde.